En el bar del lugar, una estructura de madera y lana de colores, realizada por Daniel Joglar, se introduce en el espacio vacío y cae por el centro del edificio. Cada persona que recorre la Fundación se encuentra rodeada de arte. La muestra se llama Lindero y se basa en instalaciones dentro de los espacios de uso de común de la Fundación. “En este caso trabajamos la idea de paisaje y el diálogo con eso. Los artistas hicieron intervenciones específicas”, dice Ana Gallardo, la curadora de la muestra.

Daniel Joglar. La distancia entre las cosas, 2009. Escultura. Lanas de color y varillas de madera. Medidas variables-
Cada una de las obras que se pueden apreciar en un museo o en un centro cultural fueron organizadas en la mente de un curador que tomó la información y que construyó una relación con el artista para alcanzar un objetivo en común. La palabra curador proviene del latín curator. El término era utilizado para aquellos protectores de los niños o incapacitados. En el mundo del arte, el rol surgió en la década de los 80 y es utilizada para darle nombre a aquellos profesionales que se encargan del armado, organización y producción de una muestra. Delfina Helguera es profesora de Mercado de Arte y Arte contemporáneo en la Universidad de Palermo y es la coordinadora del curso de Curaduría en el instituto ESEADE de Buenos Aires. “La curaduría es como un investigador en las paredes. Es una persona que investiga a través de la exposición, es decir, de la cosa física del arte”, comenta Helguera.
El trabajo paso a paso
En otro punto de la ciudad de Buenos Aires se encuentra el Museo Nacional de Bellas Artes. Florencia Galesio fue la encargada de armar el sector de arte argentino. “Hicimos un rastreo de todas las piezas de la colección y una selección de lo más representativo por artista y por tema. Existen distintos elementos que se ponen en juego cuando uno determina qué va poner para que vea la gente. A partir de lo que se quiere contar se eligen las piezas para mostrar”, comenta.
Mas allá de la producción general, el curador debe tener en cuenta algunos problemas como que las obras sean de difícil transporte o manutención. Además debe mantenerse alerta a los contratiempos y a las dificultades de los artistas. Ana Gallardo señala que un punto importante es la relación con las instituciones pero admite que no existe una muestra a la que se negara curar. En todos los casos, el curador se debe mantener como un ser flexible.
El trabajo de quien organiza una muestra incluye necesariamente la relación con los artistas. Puede suceder con alguien que trabaje en el momento o con los herederos de las obras. Cada curador tiene un estilo distinto para manejarse. Ana Gallardo comenta: “Encuentro obras de artistas que terminan mis pensamientos”. En su caso prefiere presentar el proyecto y luego dejar que el creador actúe con libertad. Es por eso que prefiere ser llamada coordinadora.
En otros casos es necesario extenderse en las relaciones con los artistas. Florencia Galesio comenta que para armar el pabellón de arte argentino necesitaron contactarse con las familias de algunos pintores y, a su vez, convocar a los contemporáneos para buscar información. “El contacto con el artista siempre nos da una pauta o una llave para poder resolver una cuestión”, aclara. En este caso los convocados se mostraron felices de ser llamados pero la clave, señala Galesio, es ser cuidadoso a la hora de tratar sobre el material.
Hoy en día, está bien visto el trabajo con un curador. En general, los profesionales dicen que la relación con los artistas es muy buena. Otra vez, no existen instrucciones para organizar una muestra sino la labor depende de cada caso.
Qué se necesita
La palabra que define a la lógica de trabajo de un curador es flexibilidad. En el pasado, existían los investigadores de arte que se mantenían en el ámbito académico y quienes trabajaban de manera estable dentro de un museo. En la actualidad, los curadores pueden ser independientes y desarrollarse en otros ámbitos del arte. Por ejemplo, el caso de Ana Gallardo que es artista.
Como en toda profesión existen ciertas cualidades que ayudan a la tarea. Florencia Galesio señala que la paciencia y la creatividad son cuestiones importantes además de “formar el ojo”, es decir, ver y conocer.
La tarea más difícil que puede tener un curador es definirse. El arte es un área que no acepta conceptos firmes e inamovibles. Cada obra que se expone y que luego es admirada o entendida por alguien necesitó de un comunicador que uniera al espectador y al artista. Una tarea tan transparente e importante como el aire que separa a una persona de una obra de arte.
Turistas. Cientos de ellos caminan por las calles de Buenos Aires. Una parada necesaria para muchos es el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Hablan, miran, se ríen: nunca han estado en presencia de un museo bien argentino. Este espacio posee colecciones europeas y nacionales estables, además de las muestras itinerantes.
Existe un staff de curadores que se ocupan especialmente de mantener en buen estado y de organizar cada una de las muestras. Cualquier persona que quiera acercarse se convierte en el espectador del trabajo de cada uno de los curadores.
Desde una pareja de turistas norteamericanos hasta un grupo de adolescentes revoltosos que vienen en grupo: todos están en los planes de un curador a la hora de armar la exposición.
En el primer piso del MNBA, el arte argentino se convierte en protagonista. Propone un recorrido desde el siglo XIX hasta la actualidad. Comienza con típicas escenas costumbristas, de gauchos, calles de tierra y personajes coloniales. Tal es el paisaje que se ve en cuadros como Idilio Criollo de Juan León Pallière o El Retrato de Manuelita de Rosas por Prilidiano Pueyrredón.
Un camino obligado entre paredes blancas oficia de línea de tiempo hacia obras más contemporáneas como Sin Pan y Sin trabajo de Ernesto de la Cárcova o Las Parvas de Martín Malharro.
El MNBA es una de las tantas ofertas artísticas que tiene Buenos Aires pero tal vez la más cercana a las raíces históricas argentinas. Es probable que por eso el hall de entrada siempre esté poblado de distintos grupos: desdes visitantes ocasionales, chicos de colegios y los eternos turistas.
La exposición de arte en la actualidad es una novedad porque no responde a los parámetros que marcaron los museos tradicionales. La Fundación Proa es un ámbito encastrado en Caminito en el barrio de La Boca. El edificio se alza como un monumento limpio, preciso y luminoso y contrasta con el retrato pintoresco que ofrece el típico barrio porteño.
Parece un oasis de blancura frente al movimiento frenético que presenta Caminito, especialmente los fines de semana. Los colores brillosos de los conventillos (devenidos en atracciones turísticas), las voces de los turistas y el tango inundan el clima del lugar. Pero entrar en la Fundación significa zambullirse de repente en un mundo donde las obras se presentan con una visión actualizada.
El arte moderno propone nuevas formas de exposición a las que deben adaptarse los curadores. Se presenta un desafío a la hora de encontrar la manera de poder comunicar a los espectadores. Una de las últimas muestras que presenta este espacio se llama Lindero y su novedad es que se trata de obras que se ubican en espacios de uso común dentro de la Fundación. Por ejemplo en las paredes de la librería, en un muro exterior de la cafetería o una obra que atraviesa los pisos del edificio.
Tal como en un museo, quien visite el lugar camina entre arte y se empapa de eso. El desafío entonces no es sólo del curador, sino también del espectador moderno para poder apreciar lo que está a su alrededor.
Florencia Galesio es curadora del Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires. Fue una de las encargadas de armar el pabellón de arte argentino que se ubica en el primer piso del museo y que constituye una de las principales colecciones de la institución.
Foto 1: Gentileza Prensa Fundación Proa 





La exhibición El tiempo del arte se desarrollará hasta el 3 de enero de 2010 en la Fundación Proa de Buenos Aires. La muestra propone más de 100 obras desde el siglo XVI al XIX. La exposición fue curada por Giacinto di Pietrantonio, director de la GaMeC y prestigioso curador.







