Cuando era más chica me solía preguntar por qué Argentina había nacido en los siglos que nació. Recién en 1776 se creó el Virreinato del Río de la Plata, por lo que durante mucho tiempo la Ciudad de Buenos Aires fue un punto perdido. Me asombraba qué curioso había sido el destino que no había dejado que este continente tuviese una Edad Media al estilo europeo o un Renacimiento a lo italiano. Qué paradoja era, además, que los vestigios de cultura americana hubiesen sido escondidos bajos rasgos europeos desprolijos y que todo lo que se conservara de los habitantes originarios se redujera al Día de la Raza.
¿Para qué mentir? Me encanta el arte antiguo europeo. Tal vez porque fue lo que primero me enseñaron o porque, como dice mi teoría personal, tuve otra vida en la Edad Media. Sin embargo, siendo argentina no podía encontrar una verdadera identidad en el arte. No sabía hacia qué inclinarme y no le encontraba mucho sentido a los vestigios coloniales de la Ciudad que eran un medio camino entre Europa y algo parecido a ella llamado América o Río de la Plata.
Pero crecer, además de las responsabilidades, permite aclarar las ideas. En un momento me sentí en cero con mis pensamientos artísticos pero luego le encontré nuevos aspectos. Y hoy, caminar por la Ciudad de Buenos Aires, significa toparme con objetos coloniales que no dejan de sorprenderme. Sería una estafa si con mis condiciones quisiera analizar la conquista española. No tengo autoridad para evaluar en cuánto afectaron los europeos a los pobladores originarios y si en realidad la conquista fue para mejor o peor. En la actualidad trato de mirar aquellos objetos del pasado y entenderlos en su contexto. No pretendo ser conformista sino sincera y observadora.
La Iglesia del Pilar es un edificio que fue inaugurado en 1732, mucho antes de que estas tierras fueran siquiera un Virreinato. “Buenos Aires era una pequeña aldea”, escuché alguna vez en una clase de primaria y no dudo que así lo haya sido. Nadie nace grande ni teniéndolo todo. La iglesia está ubicada en lo que hoy es Recoleta y es un punto obligado para los ávidos turistas que visitan esta ciudad. Qué raro me parece ver personas caminando con cámaras modernas. Hace algunos siglos este lugar era un punto perdido en un terreno vacío, un edificio simple que combinaba con una ciudad vacía de lujos.
Los rasgos coloniales de la Ciudad son, sin duda, parte de nuestra identidad artística. El resto de América también combina pueblos originarios con pedazos españoles. Las iglesias, como edificio necesario y absoluto para la época, no pueden reflejar mejor el estilo. Mis ideas nunca estarán del todo claras pero estoy convencida que esta mixtura de estilos y orígenes fueron la base para la Ciudad que existe hoy, con sus errores y aciertos.
Un cementerio suele ser un lugar ligado a las historias de fantasía y leyendas populares. Siempre es sombrío y puede traer malos recuerdos a sus visitantes. Si bien nadie quiere acercarse a uno, existen los que tienen un valor histórico que va más allá del misterio. Por ejemplo el de Recoleta ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. Fue creado en 1822 y en un primer momento se llamo Cementerio del Norte. La idea del intendente Martín Rodríguez era crear un lugar específico de entierro para normalizar la situación de las sepulturas. En ese momento estaba ubicado en un parque cerca de la Iglesia de los frailes recoletos.
Este cementerio antiguo de Buenos Aires es un punto obligado en el itinerario de cualquier turista. Caminar por sus callecitas implica escuchar todo tipo de idiomas y guías de viajes. En este sitio se encuentran los cuerpos de personalidades importantes del país, ex presidentes e intelectuales.
Más allá del valor histórico del cementerio de Recoleta, tiene también un significado artístico. Las bóvedas (muchas pertenecientes a familias renombradas de Argentina) están trabajadas de una manera especial. La mayoría se rodea de esculturas perfectas, alegóricas al sitio donde están ubicadas. La perfeccción de los rasgos y los materiales las hacen obras impecables.
Es difícil explicar por qué en un sitio tan misterioso las familias decidieron aplicar esas esculturas en homenaje a sus parientes fallecidos. Los trabajos muestran dolor, paz y misericordia. Es un lugar preferido por los fotógrafos y aficionados al arte por su belleza y creatividad.
Las familias exhiben sus bóvedas que muestran sólo arte en estado puro. Caminar por sus calles significa apreciar esas obras y descubrir curiosidades. Existen tumbas de mediados del siglo XIX cerca de bóvedas más modernas y minimalistas. En cuestiones de arte, las palabras sobran y las fotografías hablan por sí mismas.
¿Quién es ese que me mira? Me intimida. Observa mi cuerpo, atraviesa mi piel con sus ojos. Quiero que se vaya, que se aparte de mi y que se fije en las otras personas de la sala. Dejo de prestarle atención: tal vez si no le respondo las miradas va a dejarme tranquila. Tengo la esperanza de que cuando vuelva mi cara ya no va a estar viéndome. Pero es inútil. Tiene sus ojos clavados en mí.
Me gustaría que se aleje pero es imposible. Esta hecho de piedra o mármol y adosado a una caja blanca. Estoy en la sala de un museo y por más real que parezca no deja de ser una representación. Pareciera que se dirige a mí pero es una ilusión. Sus ojos, su pelo y sus manos son tan reales que parecen seguirme a donde vaya, pero es sólo una escultura que mira a todos por igual y que no puede hacerme daño, simplemente, porque no es real.
Cuando estoy en un museo frente a una escultura muy realista me acerco hacia su cara. La inspecciono y miro fijamente. Siempre tuve la fantasía de que me hable, me guiñe un ojo o mueva algo de su cuerpo. Es que su figura real y exacta parece necesitar sólo del habla o de un gesto para considerarla uno de nosotros.
El espectador no es el único que se puede sorprender por la naturaleza de una obra. Se dice que Miguel Ángel, cuando terminó su Moisés, le dio un golpe en la rodilla y le ordenó que hablara. Es que, en algunos casos, una escultura trasciende la representación y se convierte en una copia fiel del ser humano.
Algunos consideran que arte es sólo lo que nos acerca a la realidad. Muchos artistas fueron y son admirados por copiar trozos de la naturaleza y llevarlos al mundo del arte. Las obras realistas nos observan desde los museos. Parecen tener una esencia escondida y una voz callada que se muere por salir.
No puedo establecer qué es lo que me llama más la atención de este cuadro ¿Son las ropas, las caras, el paisaje? Cada vez que miro una pintura antigua, como esta del 1300, me parece que esa época fue tan lejana como fantástica. Si bien Encuentro en la puerta de oro muestra una escena bíblica, no deja de impresióname la impronta del pintor en la elección de los rostros, los colores y los edificios.
Es difícil encontrar pinturas de esta época que no se refieran a una imagen religiosa. En este caso, Giotto eligió la representación del encuentro entre San Joaquín y Santa Ana. Se dice que, mientras dormía, Joaquín recibió el mensaje de un ángel que le decía que su esposa estaba esperando a una hija, María. Este ángel también le comunicó que debía reunirse con su esposa en el puente dorado de Jerusalén. Giotto retrata ese momento de intimidad y amor, cuando Santa Ana recibe la noticia de su esposo.
Uno de los aspectos más interesantes del cuadro es que la imagen parece recortada de un fondo. Me resulta difícil imaginarme de qué manera podría seguir el paisaje más allá de la escena de los esposos y la gente que se encuentra alrededor.
La expresión de las caras de los personajes es muy llamativa. La emoción en los rostros de San Joaquín y Santa Ana se contrapone a la curiosidad de las otras personas que se asoman al puente. Fuera de esta lógica de interacción entre los protagonistas del cuadro y los que están alrededor, se posiciona la figura de una mujer cubierta con una túnica negra que tiene una mirada perdida hacia el horizonte. Su rostro es triste y su piel es pálida. El misterio que sale de su cara y de sus ropas la convierte en una incógnita dentro de un cuadro armonioso.
El encuentro en la puerta de oro es un fresco que fue realizado entre 1304 y 1306. La antigüedad es el principal atractivo que le encuentro. Los rostros, los vestidos y el paisaje me causan misterio. El arte contemporáneo nos permite descifrarlo en el mismo momento en que se está desarrollando. Pero el arte antiguo es una incógnita para quienes lo vemos siglos después, una clave que nunca podrá ser resuelta.
Para realizar una muestra se necesita del talento de un creador. Pero detrás de las obras también está el trabajo de profesionales que se esfuerzan por coordinar las piezas y permitir que el mensaje llegue al público.
Una tarde soleada de sábado. En el horizonte se distinguen el Riachuelo, los puentes y algunas maquinarias oxidadas que quedaron de una época mejor. Pero ante ese paisaje se alza un edificio moderno, de líneas puras y paredes claras. En la Fundación Proa es posible alejarse del ruido de los turistas que llegan a Caminito y los colores de una arquitectura pintoresca. En el último piso, gente de todas las edades conversa, toma café y hasta algunos se sirven una copa de vino tinto para acompañar el atardecer en pleno barrio de La Boca.
En el bar del lugar, una estructura de madera y lana de colores, realizada por Daniel Joglar, se introduce en el espacio vacío y cae por el centro del edificio. Cada persona que recorre la Fundación se encuentra rodeada de arte. La muestra se llama Lindero y se basa en instalaciones dentro de los espacios de uso de común de la Fundación. “En este caso trabajamos la idea de paisaje y el diálogo con eso. Los artistas hicieron intervenciones específicas”, dice Ana Gallardo, la curadora de la muestra.
Daniel Joglar. La distancia entre las cosas, 2009. Escultura. Lanas de color y varillas de madera. Medidas variables-
Cada una de las obras que se pueden apreciar en un museo o en un centro cultural fueron organizadas en la mente de un curador que tomó la información y que construyó una relación con el artista para alcanzar un objetivo en común. La palabra curador proviene del latín curator. El término era utilizado para aquellos protectores de los niños o incapacitados. En el mundo del arte, el rol surgió en la década de los 80 y es utilizada para darle nombre a aquellos profesionales que se encargan del armado, organización y producción de una muestra. Delfina Helguera es profesora de Mercado de Arte y Arte contemporáneo en la Universidad de Palermo y es la coordinadora del curso de Curaduría en el instituto ESEADE de Buenos Aires. “La curaduría es como un investigador en las paredes. Es una persona que investiga a través de la exposición, es decir, de la cosa física del arte”, comenta Helguera.
El trabajo paso a paso En otro punto de la ciudad de Buenos Aires se encuentra el Museo Nacional de Bellas Artes. Florencia Galesio fue la encargada de armar el sector de arte argentino. “Hicimos un rastreo de todas las piezas de la colección y una selección de lo más representativo por artista y por tema. Existen distintos elementos que se ponen en juego cuando uno determina qué va poner para que vea la gente. A partir de lo que se quiere contar se eligen las piezas para mostrar”, comenta.
Mas allá de la producción general, el curador debe tener en cuenta algunos problemas como que las obras sean de difícil transporte o manutención. Además debe mantenerse alerta a los contratiempos y a las dificultades de los artistas. Ana Gallardo señala que un punto importante es la relación con las instituciones pero admite que no existe una muestra a la que se negara curar. En todos los casos, el curador se debe mantener como un ser flexible.
Museo Nacional de Bellas Artes
La negociación más importante
El trabajo de quien organiza una muestra incluye necesariamente la relación con los artistas. Puede suceder con alguien que trabaje en el momento o con los herederos de las obras. Cada curador tiene un estilo distinto para manejarse. Ana Gallardo comenta: “Encuentro obras de artistas que terminan mis pensamientos”. En su caso prefiere presentar el proyecto y luego dejar que el creador actúe con libertad. Es por eso que prefiere ser llamada coordinadora.
En otros casos es necesario extenderse en las relaciones con los artistas. Florencia Galesio comenta que para armar el pabellón de arte argentino necesitaron contactarse con las familias de algunos pintores y, a su vez, convocar a los contemporáneos para buscar información. “El contacto con el artista siempre nos da una pauta o una llave para poder resolver una cuestión”, aclara. En este caso los convocados se mostraron felices de ser llamados pero la clave, señala Galesio, es ser cuidadoso a la hora de tratar sobre el material.
Hoy en día, está bien visto el trabajo con un curador. En general, los profesionales dicen que la relación con los artistas es muy buena. Otra vez, no existen instrucciones para organizar una muestra sino la labor depende de cada caso.
Qué se necesita La palabra que define a la lógica de trabajo de un curador es flexibilidad. En el pasado, existían los investigadores de arte que se mantenían en el ámbito académico y quienes trabajaban de manera estable dentro de un museo. En la actualidad, los curadores pueden ser independientes y desarrollarse en otros ámbitos del arte. Por ejemplo, el caso de Ana Gallardo que es artista.
Como en toda profesión existen ciertas cualidades que ayudan a la tarea. Florencia Galesio señala que la paciencia y la creatividad son cuestiones importantes además de “formar el ojo”, es decir, ver y conocer.
La tarea más difícil que puede tener un curador es definirse. El arte es un área que no acepta conceptos firmes e inamovibles. Cada obra que se expone y que luego es admirada o entendida por alguien necesitó de un comunicador que uniera al espectador y al artista. Una tarea tan transparente e importante como el aire que separa a una persona de una obra de arte.
Clásico y argentino
Turistas. Cientos de ellos caminan por las calles de Buenos Aires. Una parada necesaria para muchos es el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Hablan, miran, se ríen: nunca han estado en presencia de un museo bien argentino. Este espacio posee colecciones europeas y nacionales estables, además de las muestras itinerantes.
Existe un staff de curadores que se ocupan especialmente de mantener en buen estado y de organizar cada una de las muestras. Cualquier persona que quiera acercarse se convierte en el espectador del trabajo de cada uno de los curadores.
Desde una pareja de turistas norteamericanos hasta un grupo de adolescentes revoltosos que vienen en grupo: todos están en los planes de un curador a la hora de armar la exposición.
En el primer piso del MNBA, el arte argentino se convierte en protagonista. Propone un recorrido desde el siglo XIX hasta la actualidad. Comienza con típicas escenas costumbristas, de gauchos, calles de tierra y personajes coloniales. Tal es el paisaje que se ve en cuadros como Idilio Criollo de Juan León Pallière o El Retrato de Manuelita de Rosas por Prilidiano Pueyrredón.
Un camino obligado entre paredes blancas oficia de línea de tiempo hacia obras más contemporáneas como Sin Pan y Sin trabajo de Ernesto de la Cárcova o Las Parvas de Martín Malharro.
El MNBA es una de las tantas ofertas artísticas que tiene Buenos Aires pero tal vez la más cercana a las raíces históricas argentinas. Es probable que por eso el hall de entrada siempre esté poblado de distintos grupos: desdes visitantes ocasionales, chicos de colegios y los eternos turistas.
Esto es lo nuevo
La exposición de arte en la actualidad es una novedad porque no responde a los parámetros que marcaron los museos tradicionales. La Fundación Proa es un ámbito encastrado en Caminito en el barrio de La Boca. El edificio se alza como un monumento limpio, preciso y luminoso y contrasta con el retrato pintoresco que ofrece el típico barrio porteño.
Parece un oasis de blancura frente al movimiento frenético que presenta Caminito, especialmente los fines de semana. Los colores brillosos de los conventillos (devenidos en atracciones turísticas), las voces de los turistas y el tango inundan el clima del lugar. Pero entrar en la Fundación significa zambullirse de repente en un mundo donde las obras se presentan con una visión actualizada.
El arte moderno propone nuevas formas de exposición a las que deben adaptarse los curadores. Se presenta un desafío a la hora de encontrar la manera de poder comunicar a los espectadores. Una de las últimas muestras que presenta este espacio se llama Lindero y su novedad es que se trata de obras que se ubican en espacios de uso común dentro de la Fundación. Por ejemplo en las paredes de la librería, en un muro exterior de la cafetería o una obra que atraviesa los pisos del edificio.
Tal como en un museo, quien visite el lugar camina entre arte y se empapa de eso. El desafío entonces no es sólo del curador, sino también del espectador moderno para poder apreciar lo que está a su alrededor.
Florencia Galesio es curadora del Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires. Fue una de las encargadas de armar el pabellón de arte argentino que se ubica en el primer piso del museo y que constituye una de las principales colecciones de la institución.
Hasta el 28 de febrero de 2010 se exhiben, en el Museo Nacional de Bellas Artes, fotografías de los siglos XIX y XX. Las imágenes provienen de donaciones y adquisiciones del museo en estos últimos dos años. La muestra es curada por Sara Facio.
EL SUEÑO DE LA VERDAD es una muestra de 106 fotografías de Werner Bischof. La exhibición estará en el Centro Cultural Borges hasta el 31 de enero de 2010. Se trata de imágenes que sacó Bischof alrededor del mundo.
WARHOL, MR. AMERICA es la muestra de este genial artista que llega al MALBA. Se presenterá desde el 23 de octubre y hasta febrero del 2010. La exposición reúne 170 obras.
El Museo Nacional de Arte Decorativo (MNAD) y la Universidad de San Martín (UNSAM) se unieron para presentar la exposición de más de 50 afiches del diseñador gráfico Pierre Mendell. Esta muestra también fue presentada en distintos puntos de Brasil. Las obras se encontrarán disponibles en el museo hasta el 28 de febrero de 2010.
En el Museo Nacional de la Historia del Traje, a partir del 5 de diciembre, se expondrá la exhibición 200 AÑOS. TRES MOMENTOS. LAS ARGENTINAS Y LA MODA. La muestra está dedicada al Bicentenario. Se presentarán trajes de 1810, 1910 y la propuesta de diseñadores argentinos para el año 2010. El museo está abierto de martes a domingo de 15 a 19 hs. Los sábados y domingos existen visitas guiadas a las 17.
Hasta el 24 de enero de 2010 se podrá ver la muestra Lo Sagrado hecho real, en el National Gallery de Londres. Reúne obras religiosas pertenecientes a la época barroca española.
El 13 de enero de 2010 será el último día para apreciar la muestra sobre Kandinsky en el Guggenheim de Nueva York. Este artista fue pionero del arte abstracto.
Turner and the Masters es una exposición que está en el museo Tate de Londres. Reúne los trabajos Turner y otros maestros como Canaletto, Rubens y Rembrandt. Estará abierto al público hasta el 31 de enero de 2010.